
Trata de no marearse, de quedarse tranquila; se nota en la tensión de sus ojos, que es extraña, siempre tan resueltos y brillantes. Sube la mirada fugaz, mientras los tonos de su ropa se van desvaneciendo al ritmo de un rito ciego que no hace más que envenenarla. No se atreve a abrir la puerta, tanto tiempo atrapada que aquella manilla, gastada y senil, la intimida. Ha olvidado el color del cielo ("Celeste profundo, celeste profundo" se grita en silencio) Se borró de su mente la forma de las ventanas, el sabor del aire, ya se le olvidaría respirar, si no fuese aquella la única actividad de su vida. Desea salir. La manilla se ve tan infinita en ese hierro indómito que perpleja queda en el silencio de la pieza, ese silencio que se comió hasta la última partícula de ella, que se le fundió al cuerpo y no la suelta. El frío del metal le congela la mano. Luego del miedo lo decide: la girará. El ciclo culmina, la puerta se abrirá, no hay vueltas adicionales, no queda más... Con toda la fuerza que se juntó en sus huesos dobla la muñeca con convicción desenfrenada, suelta su agua furiosa tras abrir las compuertas de la represa...
Tirada en el piso, llora. Repentinamente alguno de sus músculos tirita. Jamás se detuvo a pensar en el cerrojo de la puerta...
2 comentarios:
ACTUALIZALO!
te quiero
bye
panxaaaaaaaa!!!!!!!...te echo de menos :(...oie si po actulaiza la wea...jahjaha...te adoro monga nos vemos pronto...cuidate...xaito
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