Tu vida insípida, como alguien dijo una vez. Tu vida escuálida me dijeron también, pero nadie se imagina lo morbido que puede llegar a ser el calor de una ciudad en llamas. Se quemaba conmigo adentro y nadie se podía imaginar el ahogo que sentía de estar dentro de algo tan magnánimo y odioso a la vez. Si hubiese sido otra persona, todo sería distinto y yo contaría nada.
Realmente no era una ciudad lo que se quemaba, y bien deberías saberlo. No es que quiera engañar a alguien, pero... no hay más formas de decirlo. Se quemaba una ciudad y yo estaba adentro. Es la historia y punto. PUNTO. Me rodeaba el fuego, unas lenguetas calientes alrededor de la cintura y mientras se movían me hacían cosquillas... de nervios gritaba y movía el cuerpo, lo que hacía la tarea más fácil. Todo estaba en mi contra. Y fue cuando descubrí lo mucho que me gusta sentir el viento en la espalda desnuda; me imaginaba lejos de esa ciudad en llamas arriba de todo, de todos. de brazos abiertos, lanzada ya sin más a la vida, sin esperar algo. De brazos abiertos con el viento en la espalda que esta desnuda. En cambio estaba ahí llena de rojo y sudor y vapor y humo espeso y desagradable con ansias de un vómito pútrido que se encargara de empeorar la situación, si es que se puede.
Yo no sé, realmente. Esta página está muerta y es lo que quise decir siempre. Me quemó, me quemó... y como me gustaría que no fuese así. Si me fui con ella, me encargaré de hacerlo bien.
Al fin y al cabo, la gente nunca lee.
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