Fue cuando descrubí lo mucho que me gustaba el viento en la espalda.
Había un edificio gigante, de esos que se acostumbra a ver en todos lados, que cubría el sol. Sin embargo el calor se hacía insoportable. Una ráfaga de sudor me bailaba dentro de los órganos y estaba dispuesta a quitarme la piel para sobrellevarlo.
Insolación, insolación. No había un puto negocio abierto en esa ciudad de mierda. Estaba irritada, no encontraba solución alguna.
Tu vida insípida, como alguien dijo una vez. Tu vida escuálida me dijeron también, pero nadie se imagina lo morbido que puede llegar a ser el calor de una ciudad en llamas. Se quemaba conmigo adentro y nadie se podía imaginar el ahogo que sentía de estar dentro de algo tan magnánimo y odioso a la vez. Si hubiese sido otra persona, todo sería distinto y yo contaría nada.
Realmente no era una ciudad lo que se quemaba, y bien deberías saberlo. No es que quiera engañar a alguien, pero... no hay más formas de decirlo. Se quemaba una ciudad y yo estaba adentro. Es la historia y punto. PUNTO. Me rodeaba el fuego, unas lenguetas calientes alrededor de la cintura y mientras se movían me hacían cosquillas... de nervios gritaba y movía el cuerpo, lo que hacía la tarea más fácil. Todo estaba en mi contra. Y fue cuando descubrí lo mucho que me gusta sentir el viento en la espalda desnuda; me imaginaba lejos de esa ciudad en llamas arriba de todo, de todos. de brazos abiertos, lanzada ya sin más a la vida, sin esperar algo. De brazos abiertos con el viento en la espalda que esta desnuda. En cambio estaba ahí llena de rojo y sudor y vapor y humo espeso y desagradable con ansias de un vómito pútrido que se encargara de empeorar la situación, si es que se puede.
Yo no sé, realmente. Esta página está muerta y es lo que quise decir siempre. Me quemó, me quemó... y como me gustaría que no fuese así. Si me fui con ella, me encargaré de hacerlo bien.
Al fin y al cabo, la gente nunca lee.