miércoles, 17 de diciembre de 2014

TENÍA MIEDO DE OCUPAR EL ESPACIO QUE OCUPÉ CUANDO FUI OTRA. ERA UNA CUESTIÓN DE RESPETO: NO ME HACE SENTIR CÓMODA BAILAR SOBRE CADÁVERES. PERO SI CUANDO MUERO NAZCO, ES JUSTO CELEBRAR MIS CENIZAS.

Cada vez que miro al cielo, rezo. No hay un Dios con mayúscula que me observe, no hay un cura que me perdone en nombre de otro, no hay una religión que me sostenga, sin embargo, cada vez que mi cabeza se queda perpleja mirando el azul infinito del cielo, yo rezo. No se si es con alguien con quien converso, no me he detenido en la idea de esperar una respuesta. Si la lluvia me moja, si el agua, la gota, la lluvia me moja cuando estoy conversando sola-con-el-cielo yo reacciono; me sitúo en el planeta, aunque nunca en el Universo. Porque la lluvia me trae, pero no me abstrae.
Cada vez que llueve y yo miro al cielo y el agua de lluvia me moja, yo rezo. No porque pida, sino porque aunque me encuentre sola, soy constantemente sobrepasada por la vida y, rezando, pregunto "¿a quién debo agradecerle?"

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